Trilogía del color en tiempos de pandemia: verde

El confinamiento ha aumentado la infidelidad virtual.. ha sido escuchar esta noticia y pensar en el color verde ¿será por aquello de viejo verde?

René Magritte

Un viejo verde (con permiso de Mrs. Robinson) es un hombre que siendo ya maduro persigue, piropea o mira lujuriosamente a mujeres u hombres más jóvenes. Pero en su origen no tenía este sentido peyorativo, todo lo contrario. Al color verde se le daba el significado de juventud o vitalidad, por lo que un viejo verde era aquella persona que a pesar de haber llegado a la vejez, todavía gozaba de buena salud, energía y vigorosidad. Fue a partir del siglo XVIII cuando comenzó a utilizarse para desaprobar las conductas lujuriosas de las personas ya entradas en edad.

Por asociación de ideas, la noticia de la infidelidad virtual en tiempos de coronavirus me ha llevado a pensar en Tinder. Está claro que el confinamiento nos ha roto casi todos los planes, incluidos los de quedar con alguien. La empresa no ha querido facilitar datos pero parece ser que han sido muchos usuarios los que han dejado de usar esta aplicación por el confinamiento y si la usan es por aburrimiento. Sin embargo, otros muchos han comenzado a utilizarla por la necesidad de contacto y hablar con alguien distinto a la familia y amigos.

Catherine Abel

Durante el siglo XV el verde fue el color de los burgueses, ya que su tinte era difícil de mantenerse en el tono original, pues los pigmentos no duraban ni resistían la luz o los lavados. Esto, unido a la impureza que implicaba la mezcla de materiales como arsénico para lograr su tonalidad; hizo que en algún momento de la historia, el verde se asociara a la infidelidad y debilidad.

Todos (o casi) estamos confinados pero las respuestas ante esta misma situación son muy dispares. Dos cosas están claras, la respuesta humana ante situaciones ambiguas, es ambigua y el ser humano es un animal social; necesita comunicarse y ser aceptado y querido por los otros… sea como sea, de forma virtual o física.

Aunque la vía virtual es ambigua… Durante este confinamiento se ha puesto de moda Zoom, pero estamos agotados. Este tipo de comunicación nos agota. Con los chats de video debemos trabajar más para procesar las señales no verbales de la comunicación como las expresiones faciales, el tono, el lenguaje corporal… debemos prestar más atención y esto consume mucha energía. En una conversación natural, los silencios crean un ritmo natural, en una videollamada un silencio es estresante, por no hablar de estar expuestos todo el rato a las miradas a través de una pantalla. Estamos siendo reducidos a un solo espacio no real y esto nos frustra, cansa y nos convierte en seres vulnerables.

Ramon Casas

El verde es un color ambiguo…

es el color de la naturaleza y la salud, se le asocia con la fertilidad. Simboliza esperanza, pero también el dinero, la avaricia y lo venenoso.

Uno de los productos, además del papel higiénico, que sufrió el miedo al desabastecimiento al inicio del confinamiento, fue el aguacate. Asociado con la vida sana llegó en plena crisis y se quedó a pesar de ser un producto relativamente caro. No hay ensalada moderna que no esté salteada por el verde aguacate. En este periodo de confinamiento, la venta online de aguacates se ha multiplicado por nueve entre los particulares. Ha superado la prueba de fuego del consumo durante la pandemia de coronavirus… y eso que no es un producto básico.

El texto verde en los primeros sistemas informáticos hace que lo asociemos con la modernidad y el mundo digital. La película Matrix también reforzó todavía más esta idea. Fue un chasco saber que el extraño código verde con caracteres y números que caían en la pantalla y que funcionaba como metáfora, era en realidad un lote de libros de recetas de comida japonesa que tenía la esposa del diseñador por su casa.

El verde es capaz de expresar un catálogo de emociones tan vasto que resulta ambiguo.

En estos momentos, todos estamos esperando como agua de mayo que nos dejen salir de casa, que nos den el código verde para circular libremente.

En China se está utilizando una app llamada Suishenban. Su uso es obligatorio para todo aquel que quiera acceder a servicios públicos y, privados, por ejemplo restaurantes. El funcionamiento es relativamente sencillo: el usuario concede a la app todo tipo de permisos y culmina el registro enviando un SMS a su compañía telefónica para permitir que esta comparta también sus datos de ubicación. Suishenbang entonces genera el código QR que viene en los colores de un semáforo: verde, sin peligro; amarillo para quienes han estado fuera de Shanghái -pero no en zonas de riesgo- durante los últimos 14 días; y rojo para aquellos que deben permanecer en cuarentena.

Este sistema tampoco es tan sofisticado y tiene lagunas pero ¿se utilizará el coronavirus como excusa para dar un paso más en su estrategia de control tecnológico de la población? 

Da miedito ¿verdad? Que una aplicación sepa todo sobre ti, todos tus datos, tus gustos, tu número de tarjeta, qué tipo de personas buscas, si buscas el amor o solo un rollete, los mensajes que envías expresando tus necesidades erótico-festivas, tus fantasías…

Un abrazo tiene el poder de liberar en nosotros oxitocina y puede que un match funcione como sustituto de un abrazo en personas que se sienten solas. El ser humano necesita el contacto, no creo que esto cambie nunca.

 

Pero la necesidad de cariño no la cubren estas aplicaciones. El verde es ambiguo, este mundo es ambiguo y esta situación que estamos viviendo puede que nos confunda; pero nosotros vamos a centrarnos porque si uno comunica solo por la mera necesidad de expresarse esto es onanismo.

La comunicación tiene que ver con tener en cuenta al otro, es más como mirarnos, sonreírnos, contactar, abrazar, hacer el amor…

Hagamos marca.

2020-05-03T18:30:25+00:00

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