Trilogía de la color en tiempos de pandemia: ROJO

Esta semana “La niña con el tímpano perforado” de Bansky se ha actualizado para la era del coronavirus con una mascarilla quirúrgica azul.


Esta versión de “La joven de la perla” del artista holandés Johannes Vermeer, pero con una alarma de seguridad que reemplaza la perla, fue pintado en un edificio junto al puerto en la ciudad de Bristol en 2014. Es un misterio si la colocación de la mascarilla ha sido obra suya; por otra parte, ahí reside también una de las gracias de Banksy.

¿Tiene sentido realizar acciones en la calle en tiempos de confinamiento? ¿Es relevante expresar, reivindicar… sin nadie que te escuche y vea? ¿Cambiará la pandemia la forma de comunicarnos?

Los artistas callejeros, como la mayoría de artistas de todas las disciplinas, se han visto obligados a parar y, por tanto, a reflexionar y dirigir su actividad hacia internet y canales en principio más frívolos como son las redes sociales.

Es muy pronto para asegurar si este será su futuro pero quizás sea uno de los primeros colectivos que han debido de cuestionarse la situación y de plantearse si tendrá sentido seguir la línea que llevaban o tendrán que cambiar e ir de la mano de la nueva realidad que nos espera.

El ser humano es un animal social, necesita de la comunidad, de la multitud y necesita símbolos colectivos que den sentido a las cosas sin sentido ¿verdad?

Retomamos a Banksy. En una de sus obras, que destaca porque al principio no se entiende, un grupo de presas de la Segunda Guerra Mundial, vestidas con esos pijamas a rayas y detrás de unas alambradas aparecen con los labios pintados de rojo. Junto a esta pieza que Banksy titula El pintalabios del Holocausto, hay un texto.

El texto es un extracto del diario del teniente coronel Mervin Willett Gonin, uno de los primeros soldados británicos en ser liberado del campo de concentración de Bergen-Belsen en 1945. Cuenta las atrocidades que todos deberíamos de saber sobre los campos de concentración. Relata cómo fue poco después de que llegara la Cruz Roja británica cuando llegó una gran cantidad de barras de labios. ¿Barras de labios? Según el coronel fue obra de un genio porque nada hizo más por las internas que esas barras de labios. Las mujeres se tumbaban en la cama sin sábanas ni camisones, pero con los labios rojos. Por fin alguien había hecho algo para convertirlas de nuevo en individuos; eran alguien, ya no solamente un nombre tatuado en el brazo. Por fin podían interesarse por su apariencia.

Esa barra de labios empezó a devolverles su humanidad.

El rojo es uno de los primeros colores utilizados por el ser humano de la Prehistoria y uno de sus primeros usos fue colorear sus cuerpos. De hecho, es uno de los primeros colores utilizados en el arte prehistórico. En el antiguo Egipto, el rojo se asociaba con la vida, la salud y la victoria. Los egipcios se tiñeron de ocre rojo durante las celebraciones. Las mujeres egipcias usaban ocre rojo como cosmético para enrojecer las mejillas y los labios y también usaban henna para colorear su cabello. Los generales romanos coloreaban sus cuerpos de rojo para celebrar victorias. También fue un color importante en China, donde se utilizó para colorear cerámica y más tarde las puertas y las paredes de los palacios. En el Renacimiento, los brillantes trajes rojos para la nobleza y los ricos fueron teñidos con el rojo extraído del kermes y la cochinilla. El siglo XIX trajo la introducción de los primeros tintes rojos sintéticos, que reemplazaron a los tintes tradicionales. El rojo también se convirtió en el color de la revolución.

Es el color de la sangre, del sacrificio, el peligro y el coraje. En Europa y Estados Unidos el rojo es el color más comúnmente asociado con el calor, la actividad, la pasión, la sexualidad, la ira, el amor y la alegría. En China, India y muchos otros países asiáticos es el color de la felicidad y la buena fortuna.

Y en plena Segunda Guerra Mundial, el gobierno británico consideró que los labiales eran imprescindibles como levantadores de moral para el pueblo. El eslogan beauty is your duty no tardó en convertirse en un acto de compromiso patriótico inapelable, defendido y reforzado por el mismísimo Winston Churchill.

Arp At Kingston House, London, c. 1940, A female member of Air Raid Precautions staff applies her lipstick between emergency calls, circa 1940. (Photo by Ministry of Information Photo Division Photographer/ Imperial War Museums via Getty Images)

Desde entonces, las ventas de cosméticos se han posicionado como barómetro económico en épocas de recesión. Por trivial que pueda parecer, en tiempos de crisis el papel de la industria de la belleza ha sido considerado como esencial por los gobiernos que supieron entender la ascendencia psicológica y social de un simple pintalabios. A pesar de que en el Reino Unido se paralizó la producción de cosméticos en aras de empresas más esenciales y necesarias, Churchill decidió hacer una excepción con el lápiz de labios al afirmar que su uso “levantaba la moral de la población”. Fue considerado producto de primera necesidad y, mientras que la gasolina, el azúcar o los huevos eran racionalizados, los labiales se repartían con la misma asiduidad que la harina.

Así se transformó un mero básico de belleza en el símbolo por antonomasia del estilo de vida de la sociedad moderna. “Winston Churchill entendió que llevar pintalabios rojo hacía a las mujeres sentirse fuertes, seguras y atractivas, unos sentimientos especialmente preciados en tiempos de crisis” explica Rachel Felder, periodista en revistas como The Cut o The New Yorker y autora del libro Red Lipstick: An Ode to a Beauty Icon “El acto de pintarse los labios emana un mensaje de autoridad y convicción. Para las mujeres que lo llevan es tanto una espada como un escudo, escondiendo cualquier inseguridad y demostrando fuerza asertiva”, añade la escritora.

Quizás la clave sea esta afirmación de la historiadora Laura Clouting: “Eran vidas ordinarias impactadas por acontecimientos extraordinarios. Si cada parte de su existencia era intervenida por el gobierno, la apariencia era lo único que podían controlar”.

El ‘efecto pintalabios’, término acuñado por Leonard Lauder, es el indicador económico que hace referencia al hecho de que la industria cosmética se mantiene imperceptible o incluso incrementa sus ventas en tiempos de crisis. Los consumidores dan prioridad a los ‘lujos’ asequibles en lugar de hacer otras grandes inversiones, más arriesgadas. Esto ocurrió tanto después de la Segunda Guerra Mundial, como en la Nueva York post 11-S o durante la recesión económica de 2008.

¿Ocurrirá ahora? Desde el principio del confinamiento, las redes se llenaron de mujeres reivindicando sus labios rojos. Antes de hablar de crisis como consecuencia de la pandemia y sin saber si el labial será un indicador de la situación financiera, ellas pintaron sus labios de rojo a modo de… ¿escudo protector, autoafirmación de su propia libertad, individualidad, personalidad, autocontrol…? ¿Solo es una forma frívola de sentirse guapas y atractivas?

Esta pandemia cambiará muchas cosas pero el rojo siempre será el rojo, la necesidad de expresión, comunicación y trascendencia del ser humano permanecerá y lo que parece frívolo puede que no lo sea.

Boa Mistura: ‘Libres’, obra realizada durante el estado de alarma

2020-04-27T21:06:40+00:00

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